Que internet no nos use, usemos el internet

 

“La seguridad es más un problema social y humano que uno tecnológico”,

fragmento del escrito de Donald Norman dedicado al diseño de todas las cosas.

 

Comienzo este escrito dedicado a las redes, internet y la tecnología precisamente con esta frase, porque refleja lo que representa el ser humano en este gran panorama, es el componente principal y la razón de ser.

El hombre siempre ha sentido la necesidad innata de comunicar, de participar y ser aceptado, es un principio más que estudiado por la ciencia. Al mismo tiempo los innovadores y entusiastas de las tecnologías se debaten en un constante análisis para encontrar donde estará la siguiente oportunidad, en una carrera frenética por crear la siguiente sensación tecnológica, “The killer app” la llamamos. Una que atrape y que tenga una aceptación colectiva, porque es ahí según el mercado es donde radicará el éxito absoluto, existen muchas maneras de hacer dinero en la red, la más rentable es sin duda aquella que paga por publicidad.

¡Hagamos una reflexión!, el vendedor de maní, ese que todos los días nos cruzamos en la calle, ¿sus ventas no son altas? Al menos no desde una concepción general. Aquí influye el contexto en el que lo hace, la naturaleza agitada de la persona que camina desde su casa hacia el trabajo, corriendo porque quizás llega tarde. Todo un conjunto de factores diferentes en cada persona, todo un conjunto de situaciones cada día.

Ahora imaginen a este señor en un juego de beisbol, su contexto cambió por completo, ¿tiene en sus manos (pongámonos escépticos) 5 000 personas a las cuales se le puede vender maní? A esto súmenle que además en un alto índice estas personas estarán esperando al afortunado manisero. Resultado: sus ventas se disparan, ¡éxito rotundo!

¿Qué cambió? Pues la simple aglomeración de personas le facilita su trabajo, todos muy agrupados, enfocados en su faena, solo les da lo que necesitan.

Es muy fácil extrapolar este ejemplo a las redes, busquemos a los grandes peces y analicemos. Facebook, la gran red social, mirémoslo como este gran estadio donde vamos a intercambiar nuestras ideas, compartir nuestra vida, ser aceptado. Una vez más, todos muy agrupados y enfocados en su faena. ¿Dónde está el manisero? Pues esta vez nos llega en múltiples maneras y no solo el manisero, todo un conjunto de vendedores, productos, servicios y más relevante aún “valores”. El principio de la agrupación es fundamental para este negocio, facilita la publicidad porque es la que paga el dinero y es ahí donde está el éxito según el mercado.

Un amigo norteamericano me decía una vez, el activo más importante que tenemos en nuestras empresas no son los computadores, no son nuestros trabajadores, es nuestra lista de clientes. Una lista que no es nada más que una gran colección de correos electrónicos recolectados, llamados clientes por la simple razón de haber dado a conocer sus gustos gratuitamente en una red. Lo hacemos en forma de me gusta, subscripciones y cuanto artilugio psicológico se le viene a la inventiva.

De alguna manera no hemos entendido que para ellos nuestro contacto es una moneda de cambio, una vez que entramos al sistema, jamás podemos salir. Una suscripción cancelada no se convierte en la eliminación de nuestro contacto, nada más alejado de la realidad.

Entonces nos vemos en una oleada de correos span y proposiciones, que estaremos recibiendo toda una vida, tantos que no somos capaces de procesar.

Si seguimos buscando grandes peces podemos percatarnos que la carrera frenética de los innovadores y entusiastas de las tecnologías podrá ser muy larga y una que otra vez romper con la tendencia, pero siempre existirá un tipo de aplicación que garantiza el éxito y son las basadas en las interacciones sociales. Como comentaba al inicio el ser humano tiene la necesidad innata de comunicar, de compartir, de ser aceptado y a fin de cuentas, internet es el reflejo amplificado del mundo en que vivimos, tal y como somos. Lo curioso del caso está en la forma en la cual llegamos a esta gran sociedad digital, un amigo muy sabio me decía: Internet es una gran aldea digital.

Somos parte de forma involuntaria de este gran todo, sin importar nacionalidad, religión, gustos, todos tenemos ese derecho y a sus creadores les interesa que participemos. Si internet es una gran aldea, diseñada para que participemos, pues ha de tener sus reglas. El mundo se rige por reglas, tengámoslo claro, sin ellas solo el caos sobrevendría sobre nosotros. Lo curioso acá es que estas reglas, son un conjunto de leyes universales establecidas por alguien que ejerce el poder sobre estos recursos y estarán guidas por un conjunto de valores universales que todos debemos cumplir.

Esta última parte introduce mi siguiente tema “valores”, para nosotros es un tema crucial. Existen un grupo de valores que todos debemos de compartir, sí, pero no seamos ingenuos, cada persona es una cultura, una identidad e incluso una corriente política, es posible que encontremos dentro de esta malgama un conjunto indefinido de situaciones o valores las cuales no compartimos o no debemos compartir, y si el principio de aglomeración sirve para vender estos valores como si fuera un cucurucho, disfrazado en las más sutiles maneras entonces debemos llegar a la condición de “adulto digital” lo antes posible.

¿Qué es un adulto digital? Ya conocemos otros términos, nativo, migrante ¿Ahora adulto? el término adulto digital sirve para denotar el nivel de una persona al enfrentarse al medio, al igual que en el mundo real que el adulto acumula un conjunto de experiencias y habilidades que le permiten comportarse de forma responsable ante la sociedad.

Siguiendo esta lógica un adulto digital podrá ser  cualquier persona de cualquier edad que haya alcanzado la suficiente madurez en el uso de estas tecnologías como para entender los riesgos y beneficios de este nuevo mundo.

Solo en esta condición comenzaremos a hacer un uso del internet de acuerdo a  nuestros intereses personales, y entender los fenómenos, tendencias y nuevos códigos de comunicación que allí subyacen.

Un conocido mío migrante digital, me comenta una vez que se había hecho una cuenta de internet, le costó horrores aprender a conectarse me decía, invoco la constante pi.. 3.14 n veces, como todo cubano cuando no le suelen salir bien las cosas, hasta ahí todo normal, muy entendible de acuerdo a su condición de migrante, es parte del proceso de aprendizaje. Ahora me llamó la atención lo que me dijo a continuación:

El otro día me hice un silfi y quiero compartirlo en Facebook, ¿en dónde aprieto?

Le digo (entre una que otra sonrisa), mira si tú le dices a un joven que tú tienes un silfi y que quieres compartirlo en Facebook, lo primero que te van a decir es que vayas a un médico pensando que tienes una ITS. Después por supuesto, aclaramos un poco el término y nos reímos del momento.

Esta anécdota sirve para hacer el siguiente punto, no solo nos estamos enfrentando a un nuevo medio, nos enfrentamos a una nueva cultura universal donde constantemente somos bombardeados con nuevos códigos de comunicación, tendencias, valores e ideas locas que debemos de entender y procesar en el momento. Entender además que en el arte del engaño las personas son el objetivo y eslabón más débil, nuestra seguridad, nuestra privacidad es esencial.

De ahí que el siguiente tema está dirigido a la seguridad y la privacidad de nuestra información.

Me gusta pensar que para nosotros el proceso de entrar a internet es como un viaje mágico, donde pasamos por portales validando nuestra identidad para llegar a ese mundo virtual que tanto atrae. La seguridad comienza ahí, cada credencial que usamos es una llave al siguiente mundo. Y llaves tenemos varias, la primera y muy importante es aquella que te abre al mundo de internet, la que más cuidamos, tú cuenta nauta u otra equivalente de las tantas que tenemos en nuestras instituciones. Luego la siguen otro conjunto de llaves, Facebook, tweeter, Google y solo dios sabe cuantas más.

Cada una abre una puerta hacia nuestros activos digitales, esa información que es nuestra, invaluable y que decidimos por voluntad propia almacenar ahí. Mucha de esa información se convierte pública, porque así lo hemos decidido, compartimos textos, fotos, audios y videos con nuestros amigos y los no tan amigos. Pero otra gran parte de esa información es privada, textos, fotos, audios y videos que se generan en el ambiente privado de comunicación, con tu pareja, con un amigo o con un compañero de trabajo. El objetivo de esta información es precisamente quedar en la privacidad de nuestro espacio, porque es sensible, te compromete o porque simplemente tiene un valor en específico para usted.

Si perdemos el control de la seguridad de nuestra información es muy probable que todos estos datos que de principio son privados e invaluables para usted, terminen en manos de otra persona. En muchos casos el daño es mínimo, somos víctimas de un engaño solo para molestar. En otros casos caemos en un juego mucho más macabro y elaborado, siendo víctimas al final de una gran extorsión a cambio de nuestros invaluables datos. Ejemplos de esto existen miles y probablemente miles mas no documentados.

Si internet es el reflejo de la sociedad en que vivimos es lógico que encontremos buena y mala gente, buenas y malas intenciones. Saber identificarlas es primordial, velar por nuestra seguridad y privacidad al igual que hacemos físicamente.

Por otra parte nuestros datos una vez que entran a esta red jamás desaparecerán, están ahí aunque cerremos nuestro perfil, aunque invoquemos al dios del olvido. Cualquiera podrá usarlos a su antojo, para lo bueno o para lo malo. Una simple foto de una joven en bañador, porque le pareció “cool” compartirla con los amigos, puede cambiarle la vida. Pasamos de tener un álbum físico de fotos que enseñábamos solo a amigos que iban de visita a nuestra casa, a regalar copias en masas a cuanta persona quisiera verlas.

Esta joven se hizo adulta, tiene metas y ambiciones, sueña con ser una gran representante para una gran empresa, estudió duro y tiene su sueño casi en las manos. De pronto todo cambio, esa foto que un día inocentemente publicó ahora vuelve como historial, para muchas empresas en el mundo se ha vuelto rutinario un chequeo en línea de la actividad profesional de sus futuros empleados. Ahora este historial alterado porque alguien también le pareció “cool” añadirles algunos retoques mágicos de modelo de playboy. Sueño arruinado en 1, 2, 3.

Todos cometemos errores, unos son más costosos que otros y un sueño puede verse roto por una simple imprudencia. Parece lejano, muchos dirán a mí no me sucederá, pero créanme a muchas personas con igual criterio se les convirtió en una innegable realidad.

Nuestra imagen es un delicado espejo que puede romperse incluso con la piedra equivocada.

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